Antonin Artaud: VAN GOGH, EL SUICIDADO POR LA SOCIEDAD

En mayo de 1946 se interrumpe el confinamiento de Antonin Artaud en el psiquiátrico de Rodez, pero sólo le quedan dos años de vida que serán especialmente fecundos. “Artaud el Momo”, “La cultura indiana” y “Van Gogh, el suicidado por la sociedad”, jalonan ese tiempo en el que también dibuja rostros humanos y pronuncia o intenta pronunciar una conferencia en el Vieux Colombier, que asombra aún a los espectadores sobrevivientes.

POST SCRIPTUM

Van Gogh no murió a consecuencia de un estado delirante definido, sino por haber encarnado el lugar de acción de un problema alrededor del cual se debate, desde los orígenes, el espíritu injusto de esta humanidad, el de la prevalencia de la carne sobre el espíritu, o del cuerpo sobre la carne, o del espíritu sobre uno y otra.

¿Y en ese delirio, dónde se encuentra el lugar del yo humano? Van Gogh a lo largo de toda su vida buscó el suyo con excepcional energía y decisión.

Y no se suicidó en una crisis de locura por la desesperación de no llegar a encontrarlo, por el contrario, acababa de encontrarlo y de descubrir quién era él mismo, cuando la conciencia unánime de la sociedad, para vengarse y castigarlo por haberse alejado de ella, lo suicidó. Y esto le sucedió a Van Gogh como suele suceder en ocasión de una bacanal, de una misa, de una absolución, o de cualquier otro rito de posesión, de consagración, de sucubación o de incubación.

Así esta sociedad se metió en su cuerpo esta sociedad perdonada consagrada santificada y poseída barrió con su conciencia sobrenatural que recién había adquirido, y como una invasión de cuervos negros en las fibras de su tronco interior lo hundió en una última oleada, y ocupando su lugar, lo mató.

Ya que es parte de la lógica anatómica del hombre moderno, poder vivir y pensar en vivir, sólo como poseído.

ACUMULAR CUERPOS

El mundo que de este modo se recupera, no es el astral sino el de la creación directa, más allá de la conciencia y del cerebro. Y nunca vi que un cuerpo sin cerebro fatigara por lienzos inertes.

Esos puentes, esos girasoles, esas cosechas de olivas, esas siegas de heno son lienzos de lo inerte. Ya no se mueven.

Están congelados. Pero quién podría soñarlos más férreos bajo la incisión seca que descubre su impenetrable estremecimiento.

No, doctor Gachet, un lienzo nunca ha fatigado a nadie. Son furiosas energías en reposo, que no producen agitación.

Yo también, como el pobre Van Gogh, he dejado de pensar, pero organizo, cada día, extraordinarias ebulliciones internas, y sería interesante ver que un médico cualquiera viniera a reprocharme que me fatigo.

Alguien adeudaba cierta suma de dinero a Van Gogh, la historia nos dice que Van Gogh se preocupaba desde hacía varios días.

Las naturalezas superiores-situadas siempre un peldaño por encima de lo real- tienen la tendencia a interpretar todo por el influjo de una conciencia maléfica, a creer que nada está librado al azar, y que todo lo malo que ocurre se debe a una voluntad maléfica, inteligente, consciente y predeterminada. Cuestión en la que los psiquiatras no creen jamás.

Cuestión en la que los genios creen siempre. Cuando me enfermo, es porque me hechizaron, y no puedo considerarme enfermo, si no admito, por otro lado, que alguien tiene interés en quitarme la salud y obtener de eso algún beneficio.

Van Gogh también creía estar hechizado y lo manifestaba. En mi opinión creo fuertemente que lo estuvo, y un día diré cómo y dónde ocurrió.

(…)

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